viernes, 17 de octubre de 2025

ANTECEDENTES - HISTORIAS DE LA ADOLESCENCIA

 

Desde la fundación de la CNCCS hemos querido indagar sobre las historias de nuestros cercanos, como un ejercicio personal de reconocimiento de lo vivido; del aprendizaje colectivo que se atesora desde las vivencias y los relatos de cada ser humano.




Por esta razón hemos creado el programa de guiones en la escuela de la CNCCS, con excelentes resultados representados en historias conmovedoras, sensibles y reales, capaces de robarnos una sonrisa y en algunos casos de provocarnos llanto o estupor.

Estos relatos también con la capacidad de generar reflexiones profundas y en algunos casos cambios de vida que pensamos imposibles.




Creemos en el poder de la palabra, en la resignificación del ser humano, como ser cambiante, en su capacidad de rehacerse desde lo que piensa, dice y hace, para su beneficio y el de los demás.

Este taller es más que un desarrollo de escritura, comunicación y memoria, es también un proceso de reconocimiento y de apropiación de la historia individual que cada quien vive, queremos dotar a los escritores de herramientas técnicas, humanas y metodológicas, que les permitan construir mejores personajes, más verosímiles, cargados de psicología y vivencias francas y reales.

Propiciamos que entiendan los tres elementos que cada ser necesita para convertirse en el protagonista de su vida: “Pensar, Decir y Hacer”, que indaguen en las consecuencias de no sincronizar estos elementos.

Para que observen como se conecta sus historias con las vivencias de otros, que reconozcan las tres vertientes de conflictos y los tres conectores que unen las relaciones humanas y sociales.

Y como todo funciona mejor en regla de tres, que identifiquen el triángulo dramático compuesto por Arquitrama, Minitrama y Antitrama en el que pendulan nuestras vidas.

Para entender el drama ajeno, primero hay que reconocer el propio.



Es imposible la vida sin situaciones dramáticas, pero es invivible la vida sin solución dramática.

Estamos aquí para escuchar, para escribir, para leer, para comunicar y para dejar la memoria de aquellas cosas que compusieron nuestras vidas. Para que otros en otro momento, puedan encontrar en nuestras vidas algo de valor, que les sirva para construir y configurar sus propias vivencias.

Porque somos sensibles a la palabra dicha, escrita, leída, porque cada historia que se conoce se vuelve una película que se proyecta e ilumina cada mente.